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Juan Manuel Castro Prieto - "Hacia Ica", 1997


Por Manuel Santos

El mundo de la fotografía te conoce principalmente por ser el laboratorista de muchos fotógrafos españoles, por ser el responsable del aspecto final que tienen los positivos de Cristina García Rodero, Chema Madoz, Alberto García Alix, … ¿Cuéntanos tus inicios en la fotografía y cómo llegaste a este punto?.

- Hay que aclarar que soy fotógrafo mucho antes que positivador. Empecé en la fotografía en 1977 y sólo desde 1989 comienzo a positivar para otros fotógrafos. Fue después de pensar en alternativas para ganar dinero con la fotografía que vi la posibilidad de montar un laboratorio profesional. Después la gente te va conociendo y te va dejando sus negativos. Funcionó el boca a boca, de unos que hablaban bien de mi trabajo a otros.

Ahora con esta espléndida exposición en el Centro Cultural de la Villa, parece que has revalidado tu trayectoria como fotógrafo y no sólo laboratorista. ¿Cómo cambias tu forma de acercarte a la fotografía dependiendo de uno u otro rol?.

- Son departamentos distintos. Cuando positivo a un fotógrafo me meto en su piel. Cuando positivo a Cristina García Rodero, me pongo en el lugar de ella y como sé lo que le gusta, lo intento plasmar en el positivo. A veces, es inevitable que cada uno tiene su forma de interpretar el positivo y evidentemente, algo meto de mi forma personal de positivar pero siempre procuro adaptarme al fotógrafo. Un positivo de los que hago a Chema Madoz no tiene nada que ver con uno que le haga a Cristina García Rodero. Cada autor tiene sus gestos y por ejemplo a García Alix le gustan los positivos más suaves. Las primeras copias que hago de un fotógrafo sirven para ir ajustándome a su estilo de positivos.

-En cuanto a mi faceta de fotógrafo, te diré que cuando salgo de aquí, me olvido por completo y sólo soy fotógrafo. Cuando tomo las fotos no estoy pensando en cómo voy a positivarlas. Puedo previsualizar la imagen y sé hasta donde puedo llegar, pero no intento salvar negativos en la toma en base al laboratorio.

Tu forma de acercarte a Perú es muy onírica, da la sensación de que quieres hacernos volver a los años fotografiados por Chambi, que tú lo conoces tan bien. Cuéntanos cómo surgió la idea de este trabajo y la forma en que lo has desarrollado.

-En 1990 me encargaron el trabajo de positivar una exposición de Martín Chambi. Mi encuentro con un país que era el país de mis sueños y positivando negativos de no uno de los fotógrafos que más admiro, sino el que más. Una vez allí, la verdad es que no me plantee el trabajo. Sin plan, empecé a hacer fotos. Después me apetecía volver y continuar. No hay un comienzo real hasta el año 95 en que sí adquiero conciencia de que el trabajo va adquiriendo cuerpo. Es un trabajo que va evolucionando. Va cambiando. No es la misma la fotografía del año 94-95 que las que hago en el 2000 o el 1999 porque estoy evolucionando.

¿Qué ha cambiado?

-Pues ha cambiado la forma de plasmar las cosas. Es decir, sigue siendo una fotografía muy autobiográfica, pero digamos que en la producción utilizo más complementos técnicos. Como si dijese el tema de las panorámicas encadenadas. Encadeno una serie de paisajes, las viro al oro, le doy un tratamiento de antigüedad para asemejar la fotografía antigua. Y eso lo hago a lo largo del 95. Y después del 95, ya no hago esas cosas. Es decir, intento dar esas mismas atmósferas mágicas o oníricas pero sin necesidad de tanta historia de laboratorio, sino de hacerlo directamente sobre la toma. Al final lo que hago es llevarme una cámara de placas de 20 x 25 con la cual hago lo mismo que hacia en el año 94-95 pero sin necesidad de ese tipo de manipulaciones.

¿Las técnicas que utilizaste para este trabajo, cuales son?

-Fundamentalmente, es película de blanco y negro, todo ello película tri-x o sea película de blanco y negro normal sobre papel baritado normal sin ningún tipo de técnica especial, la inmensa mayoría, lo que es la exposición. Quitando esa parte, que es la parte más de paisaje, más onírica, que para eso utilizo película polaroid y ya si realizo trabajo de laboratorio como puede ser un viraje al oro. Siempre llevo, al principio hasta el año 99, voy siempre con una cámara de medio formato y otra de 35 mm. A partir del 99, me llevo 35 mm., 6 x 6, y 20 x 25 mm. Dependiendo de lo que quiero fotografiar o de la escena o de las circunstancias, utilizo un formato u otro.

¿Cuál es la diferencia principal cuando positivas el trabajo de otros y ahora que has hecho todo este proyecto para ti?

-A la hora de positivar, es igual. Simplemente que sé muy bien lo que quiero y voy a intentar sacar lo que yo quiero. Cuando positivo el trabajo de los demás pues intento sacar lo que los demás dicen que yo le saque. Con mis copias, evidentemente tengo más información. Por muy compenetrado que estés con un fotógrafo, nunca sabes todo del fotógrafo.

Hemos oído el comentario de que tus fotografías son excesivamente barrocas, que quizás tanto desenfoque acaba con marear y hacer que no veamos la imagen con calma. ¿Qué opinas de esto?.

- No sé si están refiriendo a las que están totalmente movidas o a las que están parcialmente desenfocadas. Hay fotos que están totalmente enfocadas, pocas; otras están totalmente movidas para dar mayor sensación de dinamismo y hay otras que tienen planos enfocados y otros desenfocados. Estas últimas las hago con los basculamientos de la cámara de placas. De ese modo ayudo a que el espectador visualice primero lo que quiero destacar. Facilito la visión y lo que hago es precisamente evitar el caos visual.

Respecto a la exposición, he oído comentarios refiriéndose a que los marcos de las obras son un poco excesivos, que se "comen" a la fotografía.

- Bueno, tampoco son tan grandes, llevan una moldura de madera de unos 5 centímetros. Tenía claro que quería que mis fotos fueran a sangre, para que no se leyeran tanto de una en una sino como un conjunto, sin passpartout que separara una obra de otra. Si les metías una moldura muy estrechita, al ser las fotos muy grandes, tampoco se iban a ver. La verdad es que cuando fui con el comisario, Alejandro Castellote, y las vi presentadas con las molduras en el taller de Daylight quedé impactado. Las había visto cientos de veces en el laboratorio pero nunca con un efecto tan potente. El tamaño de la moldura también tiene un argumento técnico: yo estaba preocupado que las fotos se pegaran al cristal, por lo que había que poner una cámara de aire entre medias y para ello se requiere una moldura de un cierto ancho, no puede ser muy estrecha.

No recuerdo el caso de un fotógrafo español que tan rápidamente haya pasado a ser un clásico

- (Risas). Yo… ¿un clásico?

Si, has creado muchas expectativas con este proyecto realizado de manera concienzuda y perfeccionista. ¿Has comenzado ya otro proyecto?.

- Si, tengo proyectos más reducidos, más a corto plazo. Aunque también tengo otro previsto de larga duración sobre otro país, probablemente sea México, que también estaba en mis sueños. Para este proyecto, al igual que con el de Perú, no tengo fecha de finalización, cuando considere que ya está terminado será cuando lo deje, cuando me canse de él y deje de ser una obsesión que me mueva.

¿Vas a continuar con esta doble faceta de fotógrafo y laboratorista?.

- Si, claro. En principio no me queda otro remedio. Me gustaría vivir solo de hacer mis fotografías pero hoy por hoy no es posible. De todas formas me gusta el trabajo de laboratorista y no me importa seguir haciéndolo mientras lo necesite.

Puedes mencionarnos algunos de tus fotógrafos favoritos y porqué.

- Fundamentalmente Robert Frank, porque es quizás el único fotógrafo, que yo conozco, capaz de hacer un trabajo como "The Americans" (Los Americanos) y otro como "The lines of my hand" (Las líneas de mi mano), de una investigación propia, autobiográfica, ensimismada, combinada con una plástica deslumbrante. Otros pueden ser Bernard Plossu, Max Pam, fotógrafos con gran contenido autobiográfico pero que lo expresan a través de la mirada sobre otras personas. Esto es muy importante para mí, incluso yo no concibo mi fotografía personal sino es con algo relacionado con el ser humano.

En principio, tu exposición estaba preparada para el 2000. ¿Porqué no lo presentaste entonces?.

- Si, la exposición estaba prevista para esa fecha pero al examinar el trabajo me di cuenta de que faltaban cosas. Entonces hice otro viaje a Perú que efectivamente se reveló crucial, posiblemente haya sido el más importante de todos. Por tanto, le plantee a los organizadores el pasar el proyecto a este año y lo aceptaron.

¿Hay un consenso para sacar a Castro Prieto del laboratorio?. Porque en poco tiempo has tenido el libro de PhotoBolsillo, la gran exposición en PhotoEspaña, el gran libro de Lunwerg, publicaciones en dominicales de El País y La Vanguardia…

- (Risas). Si, lo que sucede es al revés, que me quieren meter más en el laboratorio. Cada uno que piense lo que quiera, el trabajo está ahí y lo que ha ocurrido es que ha gustado a mucha gente que organiza proyectos sobre fotografía. Ha habido una gran confianza en mi trabajo por muchas personas, aunque no creo que empresas y editores se jueguen mucho dinero sino es por que ven un potencial en mi obra.

Desde luego, con esta exposición has sorprendido a muchos y creado una gran expectativa. Enhorabuena y mucha suerte con tu próximo proyecto.




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