
Por Manuel Santos
El mundo de la fotografía te conoce principalmente
por ser el laboratorista de muchos fotógrafos
españoles, por ser el responsable del
aspecto final que tienen los positivos de Cristina
García Rodero, Chema Madoz, Alberto García
Alix,
¿Cuéntanos tus inicios
en la fotografía y cómo llegaste
a este punto?.
- Hay que aclarar que soy fotógrafo
mucho antes que positivador. Empecé
en la fotografía en 1977 y sólo
desde 1989 comienzo a positivar para otros
fotógrafos. Fue después de pensar
en alternativas para ganar dinero con la fotografía
que vi la posibilidad de montar un laboratorio
profesional. Después la gente te va
conociendo y te va dejando sus negativos.
Funcionó el boca a boca, de unos que
hablaban bien de mi trabajo a otros.
Ahora con esta espléndida exposición
en el Centro Cultural de la Villa, parece
que has revalidado tu trayectoria como fotógrafo
y no sólo laboratorista. ¿Cómo
cambias tu forma de acercarte a la fotografía
dependiendo de uno u otro rol?.
- Son departamentos distintos. Cuando positivo
a un fotógrafo me meto en su piel.
Cuando positivo a Cristina García Rodero,
me pongo en el lugar de ella y como sé
lo que le gusta, lo intento plasmar en el
positivo. A veces, es inevitable que cada
uno tiene su forma de interpretar el positivo
y evidentemente, algo meto de mi forma personal
de positivar pero siempre procuro adaptarme
al fotógrafo. Un positivo de los que
hago a Chema Madoz no tiene nada que ver con
uno que le haga a Cristina García Rodero.
Cada autor tiene sus gestos y por ejemplo
a García Alix le gustan los positivos
más suaves. Las primeras copias que
hago de un fotógrafo sirven para ir
ajustándome a su estilo de positivos.
-En cuanto a mi faceta de fotógrafo,
te diré que cuando salgo de aquí,
me olvido por completo y sólo soy fotógrafo.
Cuando tomo las fotos no estoy pensando en
cómo voy a positivarlas. Puedo previsualizar
la imagen y sé hasta donde puedo llegar,
pero no intento salvar negativos en la toma
en base al laboratorio.
Tu forma de acercarte a Perú es muy
onírica, da la sensación de
que quieres hacernos volver a los años
fotografiados por Chambi, que tú lo
conoces tan bien. Cuéntanos cómo
surgió la idea de este trabajo y la
forma en que lo has desarrollado.
-En 1990 me encargaron el trabajo de positivar
una exposición de Martín Chambi.
Mi encuentro con un país que era el
país de mis sueños y positivando
negativos de no uno de los fotógrafos
que más admiro, sino el que más.
Una vez allí, la verdad es que no me
plantee el trabajo. Sin plan, empecé
a hacer fotos. Después me apetecía
volver y continuar. No hay un comienzo real
hasta el año 95 en que sí adquiero
conciencia de que el trabajo va adquiriendo
cuerpo. Es un trabajo que va evolucionando.
Va cambiando. No es la misma la fotografía
del año 94-95 que las que hago en el
2000 o el 1999 porque estoy evolucionando.
¿Qué ha cambiado?
-Pues ha cambiado la forma de plasmar las
cosas. Es decir, sigue siendo una fotografía
muy autobiográfica, pero digamos que
en la producción utilizo más
complementos técnicos. Como si dijese
el tema de las panorámicas encadenadas.
Encadeno una serie de paisajes, las viro al
oro, le doy un tratamiento de antigüedad
para asemejar la fotografía antigua.
Y eso lo hago a lo largo del 95. Y después
del 95, ya no hago esas cosas. Es decir, intento
dar esas mismas atmósferas mágicas
o oníricas pero sin necesidad de tanta
historia de laboratorio, sino de hacerlo directamente
sobre la toma. Al final lo que hago es llevarme
una cámara de placas de 20 x 25 con
la cual hago lo mismo que hacia en el año
94-95 pero sin necesidad de ese tipo de manipulaciones.
¿Las técnicas que utilizaste
para este trabajo, cuales son?
-Fundamentalmente, es película de
blanco y negro, todo ello película
tri-x o sea película de blanco y negro
normal sobre papel baritado normal sin ningún
tipo de técnica especial, la inmensa
mayoría, lo que es la exposición.
Quitando esa parte, que es la parte más
de paisaje, más onírica, que
para eso utilizo película polaroid
y ya si realizo trabajo de laboratorio como
puede ser un viraje al oro. Siempre llevo,
al principio hasta el año 99, voy siempre
con una cámara de medio formato y otra
de 35 mm. A partir del 99, me llevo 35 mm.,
6 x 6, y 20 x 25 mm. Dependiendo de lo que
quiero fotografiar o de la escena o de las
circunstancias, utilizo un formato u otro.
¿Cuál es la diferencia principal
cuando positivas el trabajo de otros y ahora
que has hecho todo este proyecto para ti?
-A la hora de positivar, es igual. Simplemente
que sé muy bien lo que quiero y voy
a intentar sacar lo que yo quiero. Cuando
positivo el trabajo de los demás pues
intento sacar lo que los demás dicen
que yo le saque. Con mis copias, evidentemente
tengo más información. Por muy
compenetrado que estés con un fotógrafo,
nunca sabes todo del fotógrafo.
Hemos oído el comentario de que tus
fotografías son excesivamente barrocas,
que quizás tanto desenfoque acaba con
marear y hacer que no veamos la imagen con
calma. ¿Qué opinas de esto?.
- No sé si están refiriendo
a las que están totalmente movidas
o a las que están parcialmente desenfocadas.
Hay fotos que están totalmente enfocadas,
pocas; otras están totalmente movidas
para dar mayor sensación de dinamismo
y hay otras que tienen planos enfocados y
otros desenfocados. Estas últimas las
hago con los basculamientos de la cámara
de placas. De ese modo ayudo a que el espectador
visualice primero lo que quiero destacar.
Facilito la visión y lo que hago es
precisamente evitar el caos visual.
Respecto a la exposición, he oído
comentarios refiriéndose a que los
marcos de las obras son un poco excesivos,
que se "comen" a la fotografía.
- Bueno, tampoco son tan grandes, llevan
una moldura de madera de unos 5 centímetros.
Tenía claro que quería que mis
fotos fueran a sangre, para que no se leyeran
tanto de una en una sino como un conjunto,
sin passpartout que separara una obra de otra.
Si les metías una moldura muy estrechita,
al ser las fotos muy grandes, tampoco se iban
a ver. La verdad es que cuando fui con el
comisario, Alejandro Castellote, y las vi
presentadas con las molduras en el taller
de Daylight quedé impactado. Las había
visto cientos de veces en el laboratorio pero
nunca con un efecto tan potente. El tamaño
de la moldura también tiene un argumento
técnico: yo estaba preocupado que las
fotos se pegaran al cristal, por lo que había
que poner una cámara de aire entre
medias y para ello se requiere una moldura
de un cierto ancho, no puede ser muy estrecha.
No recuerdo el caso de un fotógrafo
español que tan rápidamente
haya pasado a ser un clásico
- (Risas). Yo
¿un clásico?
Si, has creado muchas expectativas con este
proyecto realizado de manera concienzuda y
perfeccionista. ¿Has comenzado ya otro
proyecto?.
- Si, tengo proyectos más reducidos,
más a corto plazo. Aunque también
tengo otro previsto de larga duración
sobre otro país, probablemente sea
México, que también estaba en
mis sueños. Para este proyecto, al
igual que con el de Perú, no tengo
fecha de finalización, cuando considere
que ya está terminado será cuando
lo deje, cuando me canse de él y deje
de ser una obsesión que me mueva.
¿Vas a continuar con esta doble faceta
de fotógrafo y laboratorista?.
- Si, claro. En principio no me queda otro
remedio. Me gustaría vivir solo de
hacer mis fotografías pero hoy por
hoy no es posible. De todas formas me gusta
el trabajo de laboratorista y no me importa
seguir haciéndolo mientras lo necesite.
Puedes mencionarnos algunos de tus fotógrafos
favoritos y porqué.
- Fundamentalmente Robert Frank, porque es
quizás el único fotógrafo,
que yo conozco, capaz de hacer un trabajo
como "The Americans" (Los Americanos)
y otro como "The lines of my hand"
(Las líneas de mi mano), de una investigación
propia, autobiográfica, ensimismada,
combinada con una plástica deslumbrante.
Otros pueden ser Bernard Plossu, Max Pam,
fotógrafos con gran contenido autobiográfico
pero que lo expresan a través de la
mirada sobre otras personas. Esto es muy importante
para mí, incluso yo no concibo mi fotografía
personal sino es con algo relacionado con
el ser humano.
En principio, tu exposición estaba
preparada para el 2000. ¿Porqué
no lo presentaste entonces?.
- Si, la exposición estaba prevista
para esa fecha pero al examinar el trabajo
me di cuenta de que faltaban cosas. Entonces
hice otro viaje a Perú que efectivamente
se reveló crucial, posiblemente haya
sido el más importante de todos. Por
tanto, le plantee a los organizadores el pasar
el proyecto a este año y lo aceptaron.
¿Hay un consenso para sacar a Castro
Prieto del laboratorio?. Porque en poco tiempo
has tenido el libro de PhotoBolsillo, la gran
exposición en PhotoEspaña, el
gran libro de Lunwerg, publicaciones en dominicales
de El País y La Vanguardia
- (Risas). Si, lo que sucede es al revés,
que me quieren meter más en el laboratorio.
Cada uno que piense lo que quiera, el trabajo
está ahí y lo que ha ocurrido
es que ha gustado a mucha gente que organiza
proyectos sobre fotografía. Ha habido
una gran confianza en mi trabajo por muchas
personas, aunque no creo que empresas y editores
se jueguen mucho dinero sino es por que ven
un potencial en mi obra.
Desde luego, con esta exposición has
sorprendido a muchos y creado una gran expectativa.
Enhorabuena y mucha suerte con tu próximo
proyecto.