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Métodico,
ordenado y natural, comprensivo y afable. Raras
veces se ha enfadado Eduardo Chillida en su vida, a pesar de tener
su carácter. "Cuando de pequeños entrábamos
en su taller y le cogíamos algún lápiz o
alguna cosa, o simplemente le cambiábamos algo de sitio,
enseguida se daba cuenta, pero no se enfadaba con nosotros",
recuerda Luis, que subraya su carácter comprensivo y tolerante
a la hora de educar a sus ocho hijos y, sobre todo, "lo buena
persona que es". Trabajador infatigable, jamás ha
tenido unas vacaciones de verdad, de no pensar en sus obras. No
esperaba a que le llegase la inspiración, "todos los
días de su vida se ha ido al estudio a trabajar".
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