Chillida descubrió el hierro cuando regresó con Pili a su País Vasco, en 1951. Se instalaron en la casa de una tía de Eduardo, en Hernani, y frente a la que había una fragua. Era el momento en que Chillida buscaba un cambio, un nuevo material. Le pidió a Manuel Illarmendi, dueño de la fragua, que le dejase trabajar en ella. "El señor Illarmendi le dijo a mi padre: «Señor Chillida, yo le puedo dejar la fragua cuando no esté haciendo cosas serias. Yo trabajo de nueve de la mañana a ocho de la tarde. Para hacer cosas que no sean útiles, si usted quiere se puede venir aquí a las seis de la mañana, que yo le dejo la llave»", explica Luis. Un año más tarde, en 1952, Chillida montaría su propia fragua en la casa de Hernani.








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