El granito rosa de la India fue un descubrimiento que Chillida hizo por casualidad. Un día, volviendo en coche a San Sebastián con su hijo Luis, adelantaron un camión cargado de grandes bloques de aquel granito. "«¡Pero qué piedras!¡Para, para, Luis!» me dijo mi padre. Al final acabamos parando el camión y preguntando al camionero el lugar del que venían las piedras". Chillida se quedó fascinado por los contornos tan naturales de aquellas piezas, sin las marcas y heridas que dejan los barrenos. Por falta de medios en la India, las piedras eran cortadas de manera artesanal con cuñas de madera que se hinchaban con agua y provocaban la separación de los bloques por su fisura natural.








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