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Texto: Rafa Martínez
Compañero de generación y naturalmente
amigo de los Pollock, Rothko, Newman, Baziotes,
etc -es decir, de los expresionistas abstractos,
entre los cuales se encontraba-, Adolph Gottlieb
fue, al decir de la crítica más
reputada, el representante de este grupo con una
mayor coherencia en cuanto a su producción
artística se refiere. En 1924, y de vuelta
de Europa -donde descubriría las vanguardias
y se interesaría por el arte africano-,
llevó a cabo su primera exposición
en una galería de Nueva York. Por aquel
entonces trabaría amistad con Mark Rothko,
una amistad que les llevará a teorizar
"tutti e due" y a crear en 1935 el grupo
"The Ten", el cual abandonaría
pronto. Desde una figuración de corte expresionista,
"The Ten" llevó a cabo un trabajo
de renovación de la pintura americana,
superando los modelos del surrealismo y de la
abstracción europeos y naciendo de esta
manera, lo que la crítica dio en llamar,
lo que conocemos hoy en día como expresionismo
abstracto. Gottlieb, ya fuera de "The Ten"
y junto a Mark Rothko, se dedicaría a buscar
una base teórica para su pintura.
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"Looming
2", 1969. |
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Más tarde, en la década
de los 40, fundaría otro grupo, New York
Painters, con su inseparable amigo Mark Rothko;
y John Graham, entre otros. Y sería precisamente
con Mark Rothko con quien formularía la
primera declaración formal como artistas
en una carta dirigida al diario The New York Times.
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"Mariner´s Incantation". 1945.
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Gottlieb, hijo de su tiempo,
integrado en aquella "Escuela de Nueva York"
como queda dicho desde un principio con los De
Kooning, Motherwell y demás nómina
de ilustres, compartía el afán del
grupo por descubrir nuevas formas en el arte,
de introducir en la pintura americana elementos
nuevos de una modernidad en ciernes que, más
tarde, sería reconocible en signos como
el intento de intelectualizar el conjunto de la
obra de arte. A propósito de esta cuestión,
es conocido el capítulo del enfrentamiento
con los artistas pop, a quienes los expresionistas
abstractos despreciaban.
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De igual manera por aquel entonces, en el ámbito
de la literatura los escritores beat (Jack Kerouac,
Allen Ginsberg...) estaban enfrentados con los
escritores de la "Escuela de Nueva York"
(Frank O'Hara, John Ashbery...). O lo que es lo
mismo: intelectualidad y debate versus cotidianidad
y narración sin ninguna otra pretensión.
En aquel contexto, y siguiendo con la búsqueda
del grupo de pintores, esa búsqueda y experimentación
que darían como resultado, sin ir más
lejos, el dripping de Jackson Pollock o las pictografias
de nuestro artista, los encuentros fueron frecuentes
con otras disciplinas artísticas como la
ya mencionada literaria, de la mano de Frank O'Hara,
poeta y conservador jefe del MOMA neoyorquino;
o desde el campo de la fotografia de la mano de
Rudy Berckhardt, sin olvidarnos de la filosofía
existencialista propugnada desde Europa por Jean-Paul
Sartre y Albert Camus, que influiría de
manera determinante en los expresionistas abstractos.
Adolph Gottlieb, después de su serie de
pictografías de los años 40 con
variedad de elementos jeroglíficos y mitológicos,
se apartó de la imaginería recurrente
de entonces, de todo aquel simbolismo, para recurrir
a un lenguaje propio, desarrollado en sus Imaginary
Landscapes (Paisajes imaginarios) o sus Unstill
lifes (Naturalezas muertas imposibles). Un poco
más tarde, a finales de los años
cincuenta, toma la decisión de apartarse
de toda figuración para llegar, según
su propia expresión, a "un intento
de conseguir la pobreza". Todo un ejemplo
de refinamiento estético y espiritual.
Desde el día 1 de febrero,
y hasta el 22 de abril, se puede contemplar una
significada representación de la obra de
Adolph Gottlieb en las salas del IVAM-Centro Julio
González.
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